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SEGUNDAS JORNADAS FIDEX SOBRE INGENIERÍA Y EFICIENCIA. UN NUEVO ESCENARIO PARA LA RECUPERACIÓN DE LA INGENIERÍA
12-03-2015

SEGUNDAS JORNADAS FIDEX SOBRE INGENIERÍA Y EFICIENCIA.
UN NUEVO ESCENARIO PARA LA RECUPERACIÓN DE LA INGENIERÍA

CONCLUSIONES DE LA JORNADA

Terminadas las Segundas JORNADAS FIDEX SOBRE INGENIERÍA Y EFICIENCIA, tenemos que felicitarnos por el éxito de la convocatoria, que ha reunido a representantes de la Administraciones y las empresas del sector, con una inquietud y un objetivo común: trabajar para que el sector español de la Ingeniería de Consulta contribuya de manera efectiva y eficiente a la recuperación de la economía y del empleo en España, rediseñando el escenario en el que nos movemos y sentando las bases para un desarrollo estable y sostenible del sector.

¿Hacia dónde queremos ir? ¿Volver, sin más, a la situación anterior a la crisis? Parece claro que no. “Recuperación económica” no es recuperar la situación anterior, sino renovarse para adaptarse a las nuevas condiciones, aprendiendo de nuestros errores pasados y, por qué no, de los aciertos otros. Aprovechar las nuevas circunstancias para impulsar la economía con nuevas formas de actuar, sin repetir errores que derivaron en situaciones que no queremos que se repitan.

En las distintas intervenciones de esta mañana ha quedado clara la necesidad y la voluntad de hacer las cosas de otra forma. Pero con la voluntad no es suficiente. Hay que actuar de manera seria y contundente, corrigiendo la raíz del problema, y no solo el problema en sí mismo. Es, por tanto, el momento de crear un nuevo escenario capaz de aprovechar el nuevo marco económico para garantizar a largo plazo la eficiencia de las inversiones en infraestructuras.

La óptima adecuación de una infraestructura a las necesidades que debe resolver, su capacidad para prestar adecuadamente el servicio para el que ha sido concebida y la propia durabilidad de la infraestructura, dependen de una buena planificación y un buen proyecto. Estas primeras fases del proceso creador de una infraestructura definen toda su vida útil, y por tanto deben tratarse con el mayor cuidado posible.

Optimizar la inversión en el proceso creador de una infraestructura no pasa necesariamente por minimizar el coste de cada una de sus fases. Aquellas que son más determinantes para garantizar la bondad de todo el proceso requieren de un trato especial, buscando la máxima profundidad en el análisis y la máxima calidad en sus resultados. Y esa calidad no se puede supeditar al precio, porque nadie puede garantizar excelencia a precios de rebajas de enero.

Este cambio de estrategia, que sin duda supone también un cambio cultural, necesita de la iniciativa de la Administración y de la colaboración de las empresas del sector. La legislación en materia de contratación tiene que reconocer las peculiaridades de los servicios de marcado carácter intelectual, las Administraciones han de aplicar este reconocimiento a la hora de seleccionar al consultor más adecuado para cada caso, y las ingenierías debemos aplicar precios ajustados para garantizar la excelencia sin perjudicar a las dañadas arcas públicas. Esta colaboración entre legisladores, administraciones y empresas ha de ser la base de la renovación del sector español de la Ingeniería de Consulta.

Este nuevo escenario tiene que estar sentado sobre una serie de ideas básicas que den soporte a una nueva forma de gestionar las infraestructuras. Son conceptos que esta mañana han quedado marcados como imprescindibles para no repetir errores anteriores, y que se derivan del análisis de esos errores, o de la observación de los aciertos de otros países en cuyo espejo con frecuencia queremos mirarnos.

Primera idea: Es necesario invertir en infraestructuras.

Ni hay que construir todo lo que se le ocurra a un alcalde, ni en España está ya todo hecho. En el término medio está la virtud. El desarrollo del país no puede detenerse, y la propia evolución de la sociedad crea continuamente nuevas necesidades de infraestructuras que es preciso atender. En España queda mucho por hacer, y hay además un enorme patrimonio que conservar y mantener.

La respuesta de España a la situación de crisis ha sido muy diferente a la de los principales países de nuestro entorno. Hemos reducido drásticamente la inversión pública en infraestructuras (desde el 3,4 hasta el 1,3% del PIB), mientras las mayores economías de la UE se han mantenido en niveles cercanos al 2,5%. Tenemos que restituir el esfuerzo inversor al nivel de los países de nuestro entorno, y en ningún caso deberíamos dejar caer esta inversión por debajo del 2% del PIB.

Segunda idea: Invertir poco, pero invertir mejor.

Como tantas veces, hemos atajado el problema del déficit público atacando a sus consecuencias, pero no a sus causas: Lo poco que se invierte se hace con los criterios de siempre. Busquemos cambiar esos criterios. Invirtamos poco, pero invirtamos mejor. Ya el año pasado, en nuestras Primeras Jornadas FIDEX, el Dr. Peter Boswell nos demostró que en Europa, como valor medio, de cada 100 euros invertidos en infraestructuras civiles, se invierten casi 9 euros en ingeniería, mientras que en España apenas llegamos a 5. Estamos, junto con Portugal y Polonia, en el pelotón de cola de Europa, desaprovechando la enorme capacidad de retorno que tiene la inversión en ingeniería. En cualquier coyuntura, pero especialmente en época de restricciones, hay que invertir bien lo poco que hay, invirtiendo en pensar, que es barato y rentable, porque las fases posteriores más costosas presentarán, sin duda, menores incertidumbres.

Tercera idea: Buscar siempre al mejor.

Imaginemos un nuevo sistema distinto a la tradicional oposición para seleccionar a los jueces: establecidos unos requisitos mínimos (titulación universitaria en Derecho), los candidatos que los cumplan son valorados de la siguiente forma: hasta 20 puntos en función de sus conocimientos y su experiencia previa, y hasta 80 puntos en función del sueldo que estén dispuestos a cobrar, dando 80 puntos a aquel candidato que esté dispuesto a cobrar el salario mínimo interprofesional, y cero puntos a quien pretenda cobrar el sueldo íntegro que ha establecido la Administración para ese puesto. ¿Qué jueces tendríamos?

Nos parece ridículo, pero esa es, ni más ni menos, la forma que la mayor parte de las Administraciones españolas tienen para seleccionar a los técnicos que van a planificar y proyectar nuestros puentes, túneles, presas, puertos, etc. Para un mismo problema, técnicos diferentes diseñarán soluciones diferentes, y la bondad de esos diseños dependerá de la experiencia y capacidad del equipo técnico. Las mejores soluciones las diseñarán los mejores técnicos, y éstos nunca son los técnicos más baratos. Por tanto, seleccionar siempre a la ingeniería más barata provocará con frecuencia que las soluciones aportadas no sean las más adecuadas para el problema analizado. Serán soluciones menos seguras, o más caras, o menos eficientes, o menos sostenibles, o menos definidas que aquellas que se derivarían de una selección que hubiese buscado al mejor ingeniero, en vez de al más barato.

Cuarta idea: Los necesarios cambios legislativos.

Desde el año 2.004, las Directivas Europeas de Contratación Pública establecen que en los Servicios de Ingeniería y Arquitectura la “oferta económicamente más ventajosa” no es necesariamente la más barata. Las nuevas Directivas aprobadas en 2.014 van incluso más allá, contemplando expresamente que “el factor coste podrá adoptar la forma de un precio fijo, sobre la base del cual los operadores económicos compitan únicamente en función de criterios de calidad”.

Ahora es el momento. La trasposición al marco legislativo español de la nueva Directiva Europea debería trasladar a nuestra legislación el espíritu de esa Directiva, reconociendo el carácter intelectual de los trabajos de ingeniería, y por tanto priorizando en estos casos la calidad del trabajo por encima del precio. Garanticemos un coste económico ajustado a la calidad necesaria, sin excesos ni abusos, pero una vez fijado ese precio máximo por parte de la Administración contratemos los “servicios basados en el conocimiento” en función de la calidad del trabajo ofertado y no solo de su precio, porque una ingeniería de calidad es garantía de una inversión eficiente.


Quinta idea: El apoyo de las empresas públicas.

La experiencia acumulada por la ingeniería pública española tiene un enorme valor, pero la gestión de los recursos de la empresa privada es indudablemente más eficiente. Es imprescindible combinar ambas realidades para garantizar una adecuada recuperación de nuestro sector. La ingeniería pública tiene que ser un apoyo y refuerzo de las empresas del sector, pero nunca un competidor, ni en el extranjero ni en España, ya sea mediante competencia en licitaciones internacionales o mediante la merma del mercado interior vía encomiendas de gestión. Hay que encontrara líneas de colaboración que den viabilidad al sector en su conjunto, uniendo experiencia, capacidad técnica y productividad.

Por último, la necesaria internacionalización.

Dicen que cuando a un deportista de élite “le cierran el gimnasio de casa” se tiene que trasladar a otro gimnasio, y a menudo acaba trasladando su residencia y los beneficios de su trabajo al lugar donde está su gimnasio. Lamentablemente, en España hay varios casos muy conocidos… Por fortuna, buena parte de los ingenieros españoles que se han visto obligados a trasladarse a otros países lo han podido hacer sin desligarse de la empresa española en la que trabajan. El enorme grado de internacionalización de las grandes ingenierías españolas (en muchos casos por encima del 95%), ha permitido que sus equipos técnicos estén trabajando en grandes proyectos internacionales, ya sea desplazados o desde las oficinas técnicas en España, pero permaneciendo en el seno de la propia empresa. Eso facilitará el regreso de estos técnicos cuando el mercado español se recupere, si llega el caso. Entretanto, seguimos necesitando el máximo apoyo institucional para mantener o aumentar el grado de internacionalización de nuestras empresas, y así poder seguir siendo, cada vez más, la imagen tecnológica y dinámica de la Marca España. Pero, en cualquier caso, no olvidemos que hay que volver a abrir “el gimnasio de casa”.


En fin, sobre estos cimientos podremos construir un gran edificio, estableciendo de manera conjunta, Administraciones y empresas, el nuevo escenario que permita que nuestro sector contribuya de manera fundamental a la recuperación de la economía y el empleo en España. La búsqueda de la máxima eficiencia en las inversiones en infraestructuras debe ser el eje central de ese nuevo escenario. Y el resultado de esta búsqueda solo puede tener un nombre: EXCELENCIA.

 

 

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